RESPUESTAS A UN CUESTIONARIO



EN 2006 EL POETA ecuatoriano Xavier Oqueda Troncoso, condujo una encuesta única hacia algunos jóvenes escritores de México e Hispanoamérica. Fui uno de los escritores que recibió las siguientes trece preguntas:

1. ¿Cuáles son los tres títulos de la literatura universal a los que se acerca constantemente a releerlos?
2. ¿Qué haría para obtener un ejemplar de la primera edición de algún libro famoso de la literatura y cuál sería ese título?
3. ¿En que libro ha encontrado su definición de “Vida”?
4. ¿Qué historia de amor de la literatura le hubiera gustado vivir?
5. ¿Qué obra de la literatura le gustaría ver en el cine?
6. ¿Con qué autor le hubiese gustado conversar y compartir una velada bohemia?
7. ¿A qué autor de la literatura universal considera injustamente olvidado?
8. ¿A qué autor de la literatura universal considera sobre valorado por la crítica y el tiempo?
9. ¿Qué personaje de la literatura le hubiera gustado que exista efectivamente?
10. ¿En qué personaje de la literatura se ha visto reflejado en virtudes y defectos?
11. ¿Cuáles son las cinco palabras que utiliza con obsesión en su literatura?
12. ¿Con qué está comprometida su literatura?
13. ¿Cómo sería su vida sin la literatura?

Estás originaron una sincera respuesta a cada una de las preguntas implicadas; aunque confieso que en ésta sintetizada conformación de interés, sea posible mover toda respuesta que en sustancia abarque todo, sin embargo sea lo más importante para mi obsesión.

1. Sólo uno, del cual pienso que lo abarca todo (toda literatura): Don Quijote de la Mancha. Releer fragmentos o páginas misericordiosas del estado adictivo, reflexivo, de uno de los mayores escritores, es una fraterna sensación de aprendizaje y de mirada hacia el mundo entero.

2. Orgullosamente tengo una biblioteca en donde encuentro libros de primera edición, de escritores extraordinarios, con esos me conformo. Sin embargo por ambición o presunción estética hacia el arte libresco de aquel siglo, y hacia todo lo que significa ésa gran obra, me permito renombrar el famoso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.

3. En todos. En lo inmediato podría escribir los títulos de las novelas o relatos, o el de muchos cuentos que me parecen que transfiguran plenamente la dolencia de la vida. Ya sea la inocencia de muchos, por ejemplo el primigenio de Poniatowska: Lilus Kikus o la dramática y romántica novela de James Patterson: El Diario de Suzanne que te acerca a ese instinto del corazón. Los tramos entre obra y obra, son simples escalas que te llevan a la reflexión de lo que es la azarosa «Vida» o lo utópico de ésta que nos incita a: vivir, vivir.

4. Ninguna, preferiría la mía (el lector queda invitado a pensar sobre ésta historia).

5. Hace algunos meses, volví a ver con mucha admiración la versión de Pedro Páramo de 1966 de Carlos Velo, bajo el argumento y guión de Carlos Fuentes. Aunque se ha vuelto a llevar ésta gran narración de Rulfo a la pantalla grande, hace falta ser más que cineasta para llevar a éste clásico al plano que tiene en la influencia de nuestra literatura universal. Me quedo con la adaptación de 1966, después de todo, la historia fue pensada bajo un pesado plano ensordecedor anímico que el autor obtuvo al plasmarla sobre el papel, y que la pantalla grande muchas veces no podrá desinhibir del todo hacia un auditorio hambriento de novedades visuales.

6. Quizá me viene la personalidad de dos o tres escritores únicos y que son mis preferidos. Indudablemente Julio Cortázar y su sed parisiense; su insomne paseo por el metro de París que despertaría en mí el secuestro de interesantes diálogos, conversaciones también bajo el influjo del vino y del jazz. Observarlo mientras confabula internamente entre él y la noche parisiense de Montmartre, la repentina eclosión de sus pensamientos, o sufrir sus experiencias tan elementales para el aprendizaje de mis propias ideas. Sin duda no sólo recurro a la admiración sino a la incognoscible amistad que hubiese surgido. Felices son los que tienen conciencia de su necesidad espiritual, puesto que a ellos pertenece el reino de las palabras. Felices los que conocieron a Cortázar como a Borges y a mi predilecta Susan S. Puesto que con ellos habría más que una velada boheme sino la acción pura de la palabra.

7. A ninguno. Todos han vertido su vida en las obras que por siempre predominarán en la historia de la literatura. Dicho de otra manera, la vida nos persigue a empujones con un lenguaje in memóriam de inolvidables escritores, que no hay otra forma de hacerles oír más que postergando su vida en esos objetos llamados libros, volúmenes consagrados a la fidelidad de la felicidad.

8. A todos aquellos que han tenido grandes dosis de suerte y de inteligencia, y que no han padecido de las peores enfermedades: el egoísmo, ni la estupidez de sus congéneres.

9. Quizá sólo algunos: Drácula y su castillo de fascinación oscura; Frankenstein y su cuerpo repleto de cadáveres. La cataléptica Berenice, o el extraño Fausto. De verdad que los hubiera preferido en éste mundo compartiendo con todos nosotros las verdaderas monstruosidades que tocan a este mundo: el hambre, la miseria, el egoísmo de los hombres, la falsedad, la globalización, el neoliberalismo, la desigualdad, la corrupción, el armamentismo, el odio, la carrera hacia el poder y la estupidez de los hombres por comparecerla ante la inteligencia, etc, etc.

10. En todos. Como mencione antes, la escritura refleja el alma, obra como una segunda piel. Los personajes de la literatura ¿acaso no son sombras de nuestra vicisitud espiritual y emocional, sombras de nuestros defectos y glorias? Metafóricamente es cada personaje un juego, ese efecto visual —pero verdadero— que nos exterioriza más allá de lo que nosotros imaginamos.

11. Noche, silencio, salvedad, alma, adentrar.

12. Conmigo mismo y con el público lector. Por ejemplo: quiero citar una extravagante verdad sobre la poesía. La poesía a ningún escritor le pertenece en sí, es decir, nadie puede jactarse de ser poeta. Éste título lo otorga la gente y no el autor en sí. La poesía es de todos y por lo tanto me siento comprometido hablar de algo que le incumbe tanto a mí como a los demás. Yo medito y escribo con la existencia armoniosa de las cosas. Todo lo que escribo está en mi interior, así como en las calles desnudas o las plazas repletas de humedad. Está en los parques solitarios (mi entrañable parque hundido G.S.); en las aliadas melodías, pienso por ejemplo en: Gymnopédie Nr.1 y, ésta a su vez me lleva de la mano a la salvedad del recuerdo, a la soledad o a la entera y eterna compañía que subyace secretamente. Todo está en un gesto; en la distancia; en la voz; en aquel barrio que recrea la inspiración (si se quiere creer en ese termino —hablándolo textualmente). Como también en aquella ciudad que lo pronuncia todo y en su vocablo permuta el perfil de mis palabras.

13. Incierta, banal. Me importaría menos el tiempo, con esto quiero decir que sería quizá: líder; pastor; político; vendedor; empleado de mostrador; secretario; psicólogo; espiritista; actor; desertor de la marina; amante o simplemente un hombre amado, que no aprendiendo amar, va cantando ésta frase: «¡dejarse querer no sirve de nada!».

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